Somos unos Románticos

Hace poco tuve una grata visita de un amigo porteño, nacido en un puerto austral pero amante de la Joya del Pacífico, no es para menos que al menos una vez en la vida debía pisar la Perla del Pacífico; y él me hizo notar algo que para mi era una cuestión normal, porque bueno, es mi entorno; me dijo que en Guayaquil somos unos románticos y para ser sincera no era algo que notara tanto, me considero romántica pero no es tanto por el amor en sí, sino más bien el romance como aquello que embellece los momentos, el ver los detalles y disfrutar de ellos.

La última noche de su visita nos fuimos al Balcón de Arthur, un bar restaurante con una vista única y música en vivo; mientras conversábamos había una pareja en una mesa cercana y como recién estaba anocheciendo aún no había mucho movimiento, éramos pocos en el lugar, él al ver a la pareja y ver los detalles del lugar, me dijo: “buscaste el lugar más romántico”, y para ser sincera pues sí y no; diría que busque un lugar bonito, lleno de detalles y con una vista muy linda, pero no fue en sí que mi mente buscará un lugar romántico (al menos no conscientemente), pero al recordar el recorrido y las veces que he salido simplemente a dar una caminata por la ciudad, noto que si, en definitiva si lo somos, amamos las caminatas al atardecer junto al Río o el Estero, somos de flores y cartas, de dedicar canciones, de escuchar música en vivo y por lo general música romántica y aunque ya casi no somos de dar serenatas en balcones, aun damos serenatas, aun escribimos poemas y aún hacemos canciones, por algo en todos lados hay un trocito de historia, siendo algo así como amantes de la nostalgia la cual nos sirve para embellecer los momentos, para tener el “alma en los labios” y seguir escribiendo el “romance de mi destino” muy del puerto.

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Guayaquil, el principio.

Hablemos claro, no es lo mismo que te muestren la ciudad por medio de un tour en tiempo limitado y super mega programado, a que te lo muestre una persona local al ritmo de cómo fluyan las cosas.

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Soy guayaquileña y las personas que me han conocido en algún viaje saben que siempre hablo de mi país y de mi ciudad, y si, tienen razón somos un pais chiquito, pero tenemos de todo, lo que nos hace increíbles (lo siento, pero en verdad lo somos por más egocéntrico que suene), les contare de mi ciudad, Guayaquil históricamente es una ciudad muy comercial, somos el puerto principal del país y somos conocidos como “La Perla del Pacífico”, nuestra ciudad nace en el cerro Santa Ana y el cerro El Carmen, como estamos rodeados de agua (en serio, tenemos ríos y esteros por todos lados, salida al mar y si, tenemos golfo, el golfo de Guayaquil, cuenta con islas y delfines, también uno que otro cocodrilo en algunas áreas del estero salado) y hace muchos años no se pensaba en aviones, y la verdad Ecuador no tenía muchas carreteras que se diga, la verdad eran contadas las vías terrestres ; lo que existía era el transporte fluvial por lo que los productos agrícolas eran sacados de las enormes haciendas de los diferentes pueblos en pequeñas embarcaciones hasta llegar al río Guayas. Como somos golfo las embarcaciones entraban desde el mar hasta Guayaquil tanto para dejar productos como para recoger productos, el trayecto era así: luego de pasar por el estrecho de Magallanes hacían su parada estratégica en Valparaiso (Chile) “La Joya del Pacífico”,pasaban algunos por Callao (Perú), o se iban directo a Guayaquil “La Perla”, antes de subir hacia Centroamérica.

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En la época donde los españoles estaban en todas partes, era muy típico los ataques piratas auspiciados por la corona inglesa a muchos puertos donde los que manejaban más eran los españoles, así que desde el cerro Santa Ana se preparaban los cañones para defender la ciudad, Guayaquil sufrió de muchos ataques por las peleas entre piratas y españoles, lo que hizo que se programen los hombres, sobre todo los hijos mayores y padres de familias para defender la ciudad no solo de los piratas si no también del fuego, a los piratas les encantaba incendiar casas para distraer al pueblo y las autoridades y así poder robar con mas tranquilidad.

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Esta primera parte de la serie de Guayaquil ya de por sí la hace una ciudad entretenida, así que los espero en la siguiente.

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Guayaquil, una despedida lenta.

Alguna vez te ha pasado que te has quedado mirando una pared en blanco, la pregunta es ¿qué ves? ¿que es lo que en verdad ves?, en la pared no hay nada, entonces, te ves a ti, estas mirando tu interior, por eso decidiste ver la nada para poder concentrar en el todo, en todo lo que hay dentro de ti; fue ahí donde entendí que veía la ciudad con otros ojos, porque había empezado a despedirme, y a veces en las despedidas volvemos todo mas bello, como quien sabe que no volverá en mucho tiempo y reconoces lo que el lugar ha hecho en ti y también te das cuenta que puede que luego de aceptar que ya no perteneces ahí, miras la ciudad diferente, como lo hace alguien que va de paso, con ganas de querer recordar y guardar en alguna parte de tus memorias cada rinconcito de ese lugar, al final del viaje interno solo aceptas muchas cosas de ti y de la ciudad, esa ciudad que fue tuya y que de alguna manera sigue siéndolo aunque tu ya no seas de ella o al menos no del todo, y agradeces por todo lo bueno y lo malo, por todo lo aprendido, y sigues tu camino, te despides como se hace de un amor, lento, sin prisa, solo sabiendo que la despedida esta cerca e incluso mas cerca de lo creías antes, así que por ahora compartiré con ustedes esta lenta despedida, llenándolos de pequeñas historias y leyendas, o simples momentos cotidianos de este puerto magnifico donde crecí y a donde siempre querré volver para ver otro maravilloso atardecer y el reflejo de los colores del cielo en sus aguas, haciéndonos creer de nuevo en la magia.