Somos unos Románticos

Hace poco tuve una grata visita de un amigo porteño, nacido en un puerto austral pero amante de la Joya del Pacífico, no es para menos que al menos una vez en la vida debía pisar la Perla del Pacífico; y él me hizo notar algo que para mi era una cuestión normal, porque bueno, es mi entorno; me dijo que en Guayaquil somos unos románticos y para ser sincera no era algo que notara tanto, me considero romántica pero no es tanto por el amor en sí, sino más bien el romance como aquello que embellece los momentos, el ver los detalles y disfrutar de ellos.

La última noche de su visita nos fuimos al Balcón de Arthur, un bar restaurante con una vista única y música en vivo; mientras conversábamos había una pareja en una mesa cercana y como recién estaba anocheciendo aún no había mucho movimiento, éramos pocos en el lugar, él al ver a la pareja y ver los detalles del lugar, me dijo: “buscaste el lugar más romántico”, y para ser sincera pues sí y no; diría que busque un lugar bonito, lleno de detalles y con una vista muy linda, pero no fue en sí que mi mente buscará un lugar romántico (al menos no conscientemente), pero al recordar el recorrido y las veces que he salido simplemente a dar una caminata por la ciudad, noto que si, en definitiva si lo somos, amamos las caminatas al atardecer junto al Río o el Estero, somos de flores y cartas, de dedicar canciones, de escuchar música en vivo y por lo general música romántica y aunque ya casi no somos de dar serenatas en balcones, aun damos serenatas, aun escribimos poemas y aún hacemos canciones, por algo en todos lados hay un trocito de historia, siendo algo así como amantes de la nostalgia la cual nos sirve para embellecer los momentos, para tener el “alma en los labios” y seguir escribiendo el “romance de mi destino” muy del puerto.

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