Valparaiso

Les ha pasado que cuando la pasan tan bien en un lugar o con personas simplemente no toman muchas fotos, de hecho les cuesta tomar fotos, se les olvida que el celular tiene cámara, pues en este lugar me pasa eso; en el primer viaje a Valparaíso no tome muchas fotos la estaba pasando tan bien que de todos los lugares donde estuve durante ese viaje, esta fue la ciudad y el lugar que menos fotografié y por algo tan sencillo como maravilloso, lo viví muchísimo más, me sentí parte del lugar, la sentí mía y cuando sientes algo tuyo casi no le tomas fotos, porque las fotos son recuerdos y nos suele pasar que con lo de uno, al tenerlo siempre, al tenerlo en nuestro presente, no le sacamos tantas fotos, ejemplo de eso al menos en mi, es Guayaquil, he empezado a fotografiar más la ciudad donde nací y vivo en la actualidad, porque se que es bastante posible que luego deje de ser mi día a día, entonces quiero llevarme fotografías de ella.

Al llegar a casa me di cuenta que hubieron lugares que estuve menos tiempo que Valparaíso y sin embargo había tomado muchísimas fotos de esos lugares, mientras que Valpo estaba lleno de recuerdos para mi, habían cosas tan simples como caminar por el mirador baron viendo la ciudad mientras hacía camino al departamento que me hacían extrañar la ciudad teniendo nada de tiempo de haber llegado a Guayaquil, queriendo volver para coleccionar más atardeceres.

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Que porque me gusto tanto, al inicio no lo entendí del todo, de hecho hasta llegué a pensar que podía estar siendo mi perspectiva un poco influenciada por la perspectiva de la primera persona que me enseñó la ciudad, amaba su contraste en todos los sentidos y su complejidad y libertad, pero notaba que parte de esta forma de verla estaba al menos un poco basada en la perspectiva de quien me la mostró, de su explicación y su forma de transmitir cuánto la quería, al mismo tiempo temía mucho al inicio escribir sobre Valpo por todo lo anterior  y porque temía no hacerle justicia.

Meses después volví a esta ciudad divina, esta vez me fije mas en el camino, empezando por algo, a esta ciudad la primera vez llegue era primavera y recibí el verano y ahora llegue en otoño y, que lindo que fue pasar por Casablanca, como disfrute ese momento y como deteste no tener con batería mi celular y poder fotografiar el camino, en Ecuador no existen las cuatro estaciones y vivo en una ciudad donde hace calor casi todo el año por lo que ver esos cambios me fascinaban, la simplicidad me parece extraordinaria y mágica en ciertos lugares, este es uno de esos.

Me emocione mucho al empezar a darme cuenta que estábamos entrando a Valpo y para ser sincera me di cuenta que recordaba cada detalle como si hubiera estado solo hace pocos días, que rico era volver a una ciudad que me hace sentir en casa y saber que me encontraría con amigos, esta vez tendría dos guías nuevas, dos perspectivas nuevas que me terminaban de confirmar algo, yo había visto la magia de este lugar con cada una de las personas que me mostraron la ciudad y también había visto la magia en solitario y en cada una de sus versiones me gustaba, normalmente te dirían algo como: Guía para conocer Valpo, o los imperdibles de Valpo, pero la verdad es que no puede existir una guía en una ciudad que place conocerla toda y que siempre está cambiando, y por ende no te deja de sorprender, y no, valpo no solo es murales y casitas de colores, Valpo es una ciudad caótica, libre, comercial, política, histórica, tradicional, urbana, expresiva, no se, creo que es una ciudad que me quedo corta en palabras para lograr describirla, solo puedo decir que amo sus contrastes y amo descubrirla, cuando uno es pequeño y te hacen hacer un dibujo de una ciudad o un pueblo casi todos hacemos cerros o montañas, mar, sol, pajaritos, nubes y casitas de colores, la mayoría de nosotros cuando lo hacemos no sabemos de la existencia de Valpo pero eso también es Valpo, es el sueño plasmado en un nuestro dibujo de niños,hecho realidad; Valpo es una ciudad donde aún podrás encontrar el espíritu de un niño soñador dentro de un adulto, jamás olvidaré ver adultos en la resbaladera de cemento, ni la mirada de los pescadores, amable y fuerte a la vez, ni como el cantinero te sirve la cerveza sin sonreír pero dando a notar un toque de amabilidad, esta ciudad artística y musical, te engancha y te dejas llevar, te lleva a esos lugares donde puedes poner tu mente quieta y tu ser suspira atesorando atardeceres, antes de irme esta vez, recuerdo que estuve muy nostálgica y tal vez un poco más que la primera vez, y dije: Es tan pequeña y grande a la vez, es tan compleja y no deja de sorprender.

Valpo es caoticamente hermosa.

 

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San Pedro de Atacama

Cuando compre el vuelo de Santiago a Calama pensaba estar poco tiempo en Bolivia me imaginaba que haría solo el salar y termine recorriendo toda la reserva con sus desiertos y lagunas por lo que no tuve mucho tiempo en Atacama o más bien en San Pedro de Atacama, el primer día dormimos y recorridos Calama antes de irnos a Bolivia así que San Pedro tuvimos el honor de conocerlo luego de los días en Bolivia, nuestros cuerpos estaban Felizmente cansados y digo feliz porque no hay cómo no estarlo luego de ver y vivir tantas cosas lindas, al llegar a San Pedro supimos cual era el verdadero significado de calor y sequedad, crecí y vivo en una ciudad muy calurosa pero húmeda hay dias que ni bien te bañas sientes que fue de por gusto porque al poco tiempo ya estas sudando y eso es horrible, pero San Pedro es de esos lugares que sientes que te está quitando el líquido del cuerpo, recuerdo haber dicho “nunca más me quejaré del calor de Guayaquil” cosa que no he cumplido, cuando ves San Pedro frente a frente te das cuenta que las fotos de los viajeros no mienten, esta parte de Chile es una cara muy diferente al Chile central lo que para mi lo hace hermoso, un país que tiene diferentes regiones con tanto contraste en definitiva vale la pena; no dejaba de admirarme como cambiada el cielo solo al cruzar la frontera, era algo de locos, literalmente de un lado de las montañas era Bolivia y del otro era Chile y las nubes llegaban tal cual frontera solo hasta el lado boliviano, San Pedro y sus alrededores representaba un cielo totalmente despejado, un calor extremo y unos paisajes únicos, desierto puro, donde aprendes la enorme importancia de una botella con agua, apenas llegamos a San Pedro, fuimos a dejar nuestras cosas al hostal, contratar un tour por el valle de la muerte y el valle de la luna y de extra un tour astrológico en la noche, era el sueño de mi compañera de viaje y a mi no me disgustaba para nada, así que era un buen plan de viaje, le sacamos el jugo a nuestro día, luego de contratar los tours, nos fuimos a comer, me pedí la famosa carne mechada con puré de papa, y que suerte porque estaba deliciosa y para ser San Pedro encontramos un lugar lindo y a buen precio 4.500 pesos chilenos, luego de comer y comprar agua y peinilla (la mía se destrozó en Bolivia) nos fuimos un rato a descansar al hostal hasta la hora del tour.

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carne mechada y puré.

El tour lo hicimos en una combi o furgoneta con aire acondicionado (gracias a Dios) a recorrer el valle de la luna y el valle de la muerte o valle de marte y ver la cordillera de sal, ¡de locos muy bacán! se imaginan todo eso hace millones de años estuvo debajo del mar y ahora uno puede estar en cuevas de sal, literal caminar debajo de cristales de sal y escalar para ver paisajes únicos; aunque luego de días tan agotadores, mis piernas no estaban tan animadas a caminar pero el espíritu si que lo estaba, créanme van amar el contraste de los colores entre el cielo y la tierra, todo el cansancio y extremo calor valdrán la pena, algo que nunca olvidare de ese día, es poder ver el atardecer a las 9 pm en la duna mayor, sentir el viento frío, el silencio externo e interno, es de esos momentos donde te sientes uno solo con la naturaleza, donde tu ser empieza a comprender cosas que de seguro antes ni si quiera te habías preguntado, se siente una conexión espiritual única, tu cuerpo y mente obtienen esa paz tan necesaria, y comprendes que ese momento es una de las cosas más ricas de viajar, sentirte uno solo con la creación, no solo admiras, eres parte de todo eso. Después del atardecer se había terminado nuestro tour, así que regresamos a San Pedro, si me preguntan ya de por si este día había sido extremadamente rico y mágico, pero es mas rico saber que aun no acababa y la noche nos traía más sorpresas.

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Al llegar a San pedro, fuimos a hacer compras de artesanías, Ericka tenía su vuelo muy temprano por lo que no tendría tiempo de comprar al día siguiente, compramos varios recuerdos para nuestras familias, al salir de la tienda de artesanías, vi una mujer que vendía a los locales, sándwiches y colada, a mi me encanta comer lo que los locales comen, sobre todo si es a tan buen precio (2000 pesos chilenos), aunque yo compre, Ericka no tenía ganas de algo así, si no, un plato un poco más elaborado por lo que luego de mi cena callejera, nos fuimos a un restaurante para que Ericka cene, se pidió un pollo con ensalada delicioso y para cerrar un helado de una especie local (rica rica), que helado para mas bueno, estábamos muy cansadas pero disfrutando de cada momento de ese día, después de eso nos fuimos a dejar nuestras compras al hostal y a prepararnos con una vestimenta adecuada para ir a hacer nuestro tour astronómico, nos abrigamos bastante bien y salimos en búsqueda de nuestro cierre de oro, al llegar a la agencia tuvimos que esperar un poco lo cual nos sirvió para conversar con otros viajeros (particularmente es algo que me gusta), compartimos un buen rato con una señora y su hijo, ambos de Guatemala, hablando de todo un poco y sobre todo conversando de Guatemala, me encantan las personas que te quieren meter el bichito viajero de ir a sus países, lo cual en mi caso no es muy difícil y mas con Guatemala que para ser sincera es un destino pendiente; al poco tiempo dos combis nos fueron a recoger para ir a las afueras de San Pedro, la Agencia “una noche con las estrellas” te ofrece una clase de astrología única en pleno desierto y no cualquier desierto el desierto que tiene el cielo más despejado del mundo, estábamos muertas de frío, aunque estábamos abrigadas y nos habían dado mantas, todos estábamos con frío pero feliz de compartir una noche bajo miles de estrellas, entre las tantas cosas que aprendí, me dijeron que las estrellas fugaces no existen, son solo pedazos de rocas que rozan la atmósfera y es lo que nosotros llamamos estrellas fugaces, por parte que decepción para mi, por otro lado siempre quise ver una, y esa noche vi tres así que a pesar de todo me daba por satisfecha, también vimos galaxias, tenían varios telescopios de diferentes tamaños y con cada uno nos enseñaban algo nuevo, todos estábamos tal cual niños muy emocionados por cada cosa que podíamos observar y que podíamos aprender, sin contar que ver las estrellas con una taza de chocolate y una manta caliente es más que un buen plan, luego de esta noche tan mágica nos fueron a dejar a nuestro hostal, y cerramos nuestros ojos para descansar y seguir viendo estrellas en nuestros sueños.

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FELIZMENTE CANSADAS
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HELADO DE LIMON Y RICA RICA
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UNA NOCHE CON LAS ESTRELLAS

Muy por la mañana Ericka se despidió de mí, su transfer ya la había ido a recoger al hostal, nos despedimos con un abrazo, esperando volver a vernos pronto, yo aún algo dormida, de hecho ni bien me despedí, volví a la cama, tantos días intensos en medio de lagunas, alturas y desiertos, me estaban pasando factura, así que descanse un poco más, mi vuelo era de tarde, había coordinado con la dueña del hostal desocupar la habitación al medio día pero dejar mi mochila en la bodega para poder salir a recorrer, así que luego de que Ericka se fue, dormí un par de horas y salí a recorrer, y que suerte que lo hice, San Pedro estaba de fiesta, habían llegado personas de Perú y Bolivia a celebrar la fiesta de la Virgen de Guadalupe, toda la comuna estaba muy colorida, los niños jugando en la plaza central, músicos recorriendo las calles, bailarines acompañando a los músicos, niños escribiendo los buenos deseos para la Comuna, era una fiesta y yo tenía el lujo de verla, estaba asombrada de cómo podían tener esos trajes tan calurosos en un lugar como San Pedro, pero ante las costumbres y los actos de Fe, uno solo observa y aprende, ame sentir la unión de estos tres países por medio de sus costumbres;  luego del recorrido, los bailarines y los músicos fueron a la Iglesia de la Comuna a recibir la misa, donde luego ni bien terminó la misa, recorrieron las calles, llevando a la virgen, bailando y entonando música, todos muy alegres, yo observando todo bajo los algarrobos de la plaza, pensando en la suerte que había tenido de que mi vuelo sea más tarde.

La vida que elegí

Comienzo mi relato por algo que inevitablemente me lleva a otra cosa, la nostalgia.

Yendo a un lugar que me enganchó, estando de una conexión a otra, un viaje de 14 horas y que si sumo el bus serán 16, estando de pasada por Asunción puedo decir que he sentido mucha nostalgia por Sao Paulo, he visto publicidad de SP, he leído sobre SP y ahora acá veo una cafetería que también estaba en el aeropuerto antes de regresar a Ecuador; en parte mi relación con Brasil fue de amor y odio, recuerdo haber estado feliz de regresar a casa y estar triste de dejar Sao Paulo, aún no me iba y ya quería volver, esta nostalgia me hace pensar en algo: En la vida que elegí; la nostalgia será una constante, queriendo siempre volver a lugares que de alguna manera me engancharon y se hicieron parte de los miles de recuerdos increíbles que la vida me ha dejado.

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Por alguna extraña razón hoy me he sentido enormemente bendecida y agradecida sabiendo que lo que vivo no todos tienen la oportunidad de vivirlo, sabiendo que mi sueño de niña de querer estar de un lado a otro hoy es verdad, tal vez no como Eliza Thornberry, tal vez no en una casa rodante; en el fondo aunque amo la idea de pasar de viaje, amo también la idea de un pequeño lugar al cual sentir mi hogar, escribo esto y miro el reloj son apenas las 5 y mi vuelo sale a las 9, hoy he comido, he volado, estoy haciendo camino, estoy escribiendo y estoy imaginando cuántas conexiones más tomaré en mi vida, cuantos vuelos mas tendré que esperar, cuántas veces correré por los pasillos de un aeropuerto para no perder un vuelo, sabía que este año seria un año de cambios y transición, la nostalgia de ver mi ciudad antes de venirme esta vez fue diferente, esta vez lo sentí como hace poco lo dije, una despedida lenta, sabiendo que siempre amare a Guayaquil con todas las virtudes y defectos de mi ciudad, de mi puerto, de mi río de colores y atardeceres, sabiendo que tengo un mundo por ver y vivir, llevando en el pecho a mi ciudad y mi país, amándolo desde donde esté y sabiendo que querré a muchos lugares y puede y es más que seguro que de muchos me cueste despedirme, sabiendo que aún hay camino por recorrer y, que ese camino, esta vida, yo la elegí.